sábado, 11 de julio de 2026

An accommodation SIMON ARMITAGE

       VÍDEO Nº 67

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



 Estábamos de acuerdo en que algo tenía que cambiar, pero

aun así me quedé pasmado y bastante dolido cuando una noche, al
volver tambaleándome a casa, vi que había instalado una cortina de tela
traslúcida en mitad del hogar. Dijo: «Tú te quedas allá y yo me quedo
aquí, y a partir de ahora esto va a ser así». Era una casa pequeña, no
mucho mayor que un dormitorio, lo que provocaba algunos problemas
prácticos. Como que la nevera estaba en mi lado y el horno estaba en
el suyo. Y que ella se había quedado la cama mientras que yo dormía
totalmente vestido en el sillón hinchable. También había en su lado de
la frontera un CD de Hüsker Dü que a mí no me habría importado
escuchar una vez más por los viejos tiempos, y su abrigo de invierno
quedó colgado en la puerta de mi dominio. Pero la cortina era la
cortina, y ni se nos ocurría cruzar una palabra a través de su velo
sagrado, mucho menos arrastrar una mano por debajo o, Dios no lo
quisiera, apartar la tela y pisar la raya con decisión. Algunas noches se
traía hombres a casa, muertos de hambre, inadecuados, indignos de
besarle la suela del zapato. Pero tampoco debió de ser fácil para ella,
sintiéndome merodear como un fantasma, viéndome tropezar con las
botellas y las latas vacías. Y también hubo buenas épocas, sentados lado
a lado en el viejo sofá, la cortina entre nosotros, la tele en su sector pero
girada hacia mí, tomándome en cuenta.

Con los años las polillas se mudaron con nosotros; le cogieron gusto
a la cortina, que acabó pareciendo una tela de araña gigantesca, como
algo hecho de agujeros reales ensartados con hilillos nerviosos. Pero ahí
quedó, y ahí sigue todavía, este sudario devastado, este encaje andrajoso
suspendido entre nuestras vidas que nos mantiene inseparables y
comprometidos.

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

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