VÍDEO Nº 71
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 71
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 70
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 69
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 68
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
¿Cómo mantener, hay alguno, no hay ninguno, no se conoce ninguno, lazo o broche o trenza o brazalete, lazo, pestillo o gancho o llave para mantener atrás la belleza, mantenerla, belleza, belleza, belleza,... de desvanecerse?
¿O no hay ceño fruncido de estas arrugas, arrugas profundas y gruñonas,
abajo? ¿no hay forma de despedir a estos mensajeros más lúgubres, mensajeros silenciosos, tristes y robantes mensajeros de gris?
No, no hay ninguno, no hay ninguno, oh, no, no hay ninguno,
ni puedes ser por mucho tiempo, lo que ahora eres, llamada bella,
haz lo que puedas hacer, lo que, haz lo que puedas,
y la sabiduría es pronto para desesperar:
empieza; ya que, no, no se puede hacer nada
para mantener a raya
la edad y los males de la edad, el cabello canoso,
la arruga y el desmayo, la caída, la muerte, lo peor de la muerte, las sábanas mortuorias, las tumbas y los gusanos y la caída a la descomposición;
Así que empieza, empieza a desesperar.
Oh, no hay ninguna; no, no, no hay ninguna:
empieza a desesperar, a desesperar,
desesperar, desesperar, desesperar, desesperar.
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 67
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Estábamos de acuerdo en que algo tenía que cambiar, pero
aun así me quedé pasmado y bastante dolido cuando una noche, al
volver tambaleándome a casa, vi que había instalado una cortina de tela
traslúcida en mitad del hogar. Dijo: «Tú te quedas allá y yo me quedo
aquí, y a partir de ahora esto va a ser así». Era una casa pequeña, no
mucho mayor que un dormitorio, lo que provocaba algunos problemas
prácticos. Como que la nevera estaba en mi lado y el horno estaba en
el suyo. Y que ella se había quedado la cama mientras que yo dormía
totalmente vestido en el sillón hinchable. También había en su lado de
la frontera un CD de Hüsker Dü que a mí no me habría importado
escuchar una vez más por los viejos tiempos, y su abrigo de invierno
quedó colgado en la puerta de mi dominio. Pero la cortina era la
cortina, y ni se nos ocurría cruzar una palabra a través de su velo
sagrado, mucho menos arrastrar una mano por debajo o, Dios no lo
quisiera, apartar la tela y pisar la raya con decisión. Algunas noches se
traía hombres a casa, muertos de hambre, inadecuados, indignos de
besarle la suela del zapato. Pero tampoco debió de ser fácil para ella,
sintiéndome merodear como un fantasma, viéndome tropezar con las
botellas y las latas vacías. Y también hubo buenas épocas, sentados lado
a lado en el viejo sofá, la cortina entre nosotros, la tele en su sector pero
girada hacia mí, tomándome en cuenta.
Con los años las polillas se mudaron con nosotros; le
cogieron gusto
a la cortina, que acabó pareciendo una tela de araña gigantesca, como
algo hecho de agujeros reales ensartados con hilillos nerviosos. Pero ahí
quedó, y ahí sigue todavía, este sudario devastado, este encaje andrajoso
suspendido entre nuestras vidas que nos mantiene inseparables y
comprometidos.
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 66
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.
Papi, tenía que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una foca de Frisco,
Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.
En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco,
Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca.
Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.
Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.
Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado
Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,
Bien podría ser algo judía.
Siempre te tuve miedo: a ti, a ti
Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,
Con tu pulcro bigote y esa
Mirada aria, azul centelleante.
Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…
No eras Dios sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podía despejarla.
Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como tú.
Mira, papi, aquí estás delante del encerado,
En esta foto tuya que conservo,
Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,
Mas sin dejar por eso de ser un demonio,
El hombre de negro que partió
De un bocado mi lindo y rojo corazón.
Yo tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté suicidarme
Para volver, volver a ti.
Creía que hasta los huesos lo harían.
Pero me sacaron del saco
Y me amañaron con cola.
Y entonces supe lo que tenía que hacer.
Creé una copia tuya,
Un hombre de negro, tipo Meinkampf,
Amante del tormento y la tortura.
Y dije sí, sí quiero.
Pero, papi, esto se acabó. He desconectado
El teléfono negro de raíz, las voces
Ya no pueden reptar por él.
Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:
El vampiro que afirmaba ser tú
Y que me chupó la sangre durante un año,
Siete años, en realidad, para que lo sepas.
Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.
Hay una estaca clavada en tu grueso y negro
Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.
Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.
Porque siempre supieron que eras tú, papi,
Papi, cabrón, al fin te rematé.
Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.
VÍDEO Nº 65
De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube
N.U.L. (106) La sala del consejo de la catedral estaba sumida en una penumbra opresiva, apenas interrumpida por el parpadeo de l...