viernes, 10 de julio de 2026

El método de tortura medieval que era tan psicológico que no dejaba ni una marca.

 


N.U.L. (92)

        El techo del mundo se había desplomado sobre Julián, no como un cielo, sino como un verdugo de hormigón y varillas retorcidas. No recordaba el estruendo, solo el silencio posterior, un silencio con peso de ataúd. Estaba atrapado en una oquedad del tamaño de un féretro, con las piernas inmovilizadas bajo una losa que le devolvía el frío de los infiernos.

        Al principio, el miedo tenía forma de grito. Julián chilló hasta que la garganta le supo a cobre, pero el polvo de los escombros se encargó de sellar sus palabras. Fue entonces cuando la escuchó. Una nota musical, seca, metálica. Ploc.

        Una gota de agua, filtrada desde alguna tubería rota en las plantas superiores, caía con una cadencia hipnótica sobre su frente. Ploc.

        Julián intentó moverse, pero el espacio era una celda de alta precisión. La gota impactaba siempre en el mismo milímetro de piel. Al principio, fue un alivio; la humedad le refrescaba la frente. Luego, un fastidio. Después, una tortura. A las doce horas, la gota era un martillo. A las veinticuatro, un barreno que parecía estar perforando su cráneo para llegar hasta el fondo de su memoria.

        Julián, un hombre que siempre había vivido con prisa, se vio obligado a vivir al ritmo de aquel intervalo. Empezó a temer el silencio entre gota y gota más que el impacto mismo. Ploc. La espera le tensaba los tendones. Ploc. La anticipación le provocaba arcadas. Empezó a rezar a dioses que no conocía, no para que lo rescataran, sino para que la tubería se secara, para que el agua se detuviera antes de que su cerebro terminara convertido en una papilla de cristal.

        La oscuridad no era negra, sino de un color gris metálico, el color de la gota que ya sentía como una marca de nacimiento en el centro de su cabeza. Empezó a confundir el pulso de su corazón con la caída del agua. ¿Era su corazón el que late, o era el agua la que dictaba el ritmo de su vida? Había perdido la cuenta de los días. Ya no sentía las piernas; quizás se habían convertido en escombros. Ya no sentía hambre; la gota la había desplazado.

        Cuando finalmente escuchó las máquinas de rescate, el sonido le pareció una blasfemia, una interferencia en su sinfonía de demolición. Julián no gritó. Tenía miedo de que, al abrir la boca, el ritmo se rompiera. Los hombres que lo sacaron vieron a un sujeto intacto, sin una sola fractura visible, con la mirada perdida en un infinito húmedo, incapaz de entender que, bajo aquel montón de ruinas, algo le había perforado el alma gota a gota.

El libro que provocó una ola de suicidios

 


N.U.L. (91)

        La noticia llegó en un sobre amarillento, con los bordes carcomidos por una humedad antigua, como si la propia carta hubiera decidido suicidarse lentamente antes de ser leída. Decía que la novela había permanecido bajo llave, en un purgatorio de estanterías polvorientas, durante medio siglo. La prohibición no era un acto de censura política, sino una medida de salud pública: al parecer, el libro contenía un virus gramatical, una sintaxis capaz de desajustar los engranajes de la cordura.

        Hablamos, claro, de Las desventuras del joven Werther. Goethe, sin pretenderlo, había redactado un manual de instrucciones para el abismo. El protagonista, con su casaca azul y su chaleco amarillo, no era un personaje de ficción, sino un espejo cóncavo donde los jóvenes de la época se miraban y, al no reconocerse, preferían dejar de existir.

        La ciudad se convirtió en una sala de espera de una funeraria. La moda se tornó fúnebre; no por luto, sino por emulación. Los adolescentes, con esa capacidad que tienen para convertir el drama en absoluto, empezaron a abandonar la vida con una elegancia trágica, dejando sobre las mesas de noche, junto a una pistola o un frasco de láudano, el ejemplar de Goethe abierto en la página del adiós. La ficción se había desbordado. La metáfora se había vuelto literal.

        ¿Qué tenía aquel texto? ¿Acaso las frases poseían una gravedad molecular superior a la del resto de los libros? Tal vez fuera la melancolía, ese veneno que, cuando se destila con talento, resulta embriagador. La autoridad, aterrada ante la epidemia de ausencias, decidió que la única forma de frenar el suicidio era encarcelar al autor. Durante cincuenta años, las palabras de Goethe fueron tratadas como pacientes psiquiátricos, encerradas en un aislamiento preventivo para evitar que el contagio siguiera propagándose por las arterias de la sociedad.

        Ahora, con el libro ya liberado, uno lo sostiene entre las manos y siente una extraña punzada de miedo. Sus páginas parecen latir con un ritmo cardíaco que no es el nuestro. Se lee con la prevención de quien manipula un explosivo desactivado, pero con la duda latente de si el detonador sigue ahí, oculto entre los párrafos. Dicen que volvía loca a la gente. Quizá no fuera locura. Quizá, simplemente, la novela enseñaba a mirar la realidad con demasiada nitidez, y no todos los ojos están preparados para soportar tanta luz antes del apagón definitivo. Uno cierra el libro, se toca el pecho para confirmar que el corazón sigue ahí, y se pregunta cuántas otras historias aguardan en algún sótano, esperando el momento de volver a convencer a alguien de que el mundo, después de todo, es un lugar demasiado estrecho para tanto dolor.

jueves, 9 de julio de 2026

Die Blechtrommel I GÜNTER GRASS

    VÍDEO Nº 55

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube




 

Pues sí: soy huésped de un sanatorio. Mi enfermero me observa, casi no me quita la vista de encima; porque en la puerta hay una mirilla; y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que no puede penetrar en mí, de ojos azules.
Por eso mi enfermero no puede ser mi enemigo. Le he cobrado afecto; cuando entra en mi cuarto, le cuento al mirón de detrás de la puerta anécdotas de mi vida, para que a pesar de la mirilla me vaya conociendo. El buen hombre parece apreciar mis relatos, pues apenas acabo de soltarle algún embuste, él, para darse a su vez a conocer, me muestra su última creación de cordel anudado. 

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Para saber sanar hay que saber enfermar LUNA MIGUEL

     VÍDEO Nº 54

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



Apareció una y luego otra y luego otra.

Era verano y estaban por todas partes reproduciéndose como una plaga antigua.

Yo escuchaba sus latidos a través de la madera;
te pregunté si las cucarachas tenían corazón y
tú me dijiste que no sabías de eso.

Conocemos poco las cosas sencillas, pensé.

Nada nos importa hasta que duele.


Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Aunque tú no lo sepas LUIS GARCÍA MONTERO

     VÍDEO Nº 53

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

A mano amada ÁNGEL GONZÁLEZ

 

    VÍDEO Nº 52

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Su viva imagen BENJAMÍN PRADO

     VÍDEO Nº 51

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



–Eres su viva imagen, Me decían

sin sospechar entonces que esas cuatro palabras
iban a ser ahora mi condena.

No tengo dónde huir, dónde esconderme:
sus ojos están dentro de mis ojos;
su apellido en el mío
como el nombre de un barco en el fondo del mar.
Lo que ayer fue mi casa,
es la guarida de los tiburones.

Tú estabas a mi lado
y me has visto nadar en ríos de veneno;
has visto lágrimas
que eran cristales rotos, una lluvia de espinas,
cicatrices de agua que cruzaba la piel.

Miro su alianza de oro en mi dedo
y su rostro tallado sobre el mío,
mientas la vida sigue,
el aire mueve
los árboles o el sol ilumina su casa
lo mismo que si no estuviera vacía.

El tiempo sólo cura aquello que se puede
sustituir y yo no siento nada
que no sintiese antes
cualquiera en cuyas venas ha bebido la muerte:
la grieta de la angustia,
la plaga de los verbos en pasado;
los recuerdos que buscan su lugar en la vida.

Es tan raro saber que no volveré a verla
y los demás
seguiremos entrando en restaurantes,
cines,
supermercados,
estaciones de tren…

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

The hounded lovers WILLIAM CARLOS WILLIAMS

     VÍDEO Nº 50

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



¿Adónde iremos?

¿Adónde iremos

los que estamos enamorados?

Julieta fue a la celda de Fray Lorenzo,

pero nosotros no hallamos reposo.

El agua de lluvia yace

sobre la tierra compacta,

reflejando el cielo matutino.

¿Pero adónde iremos?

No podemos disolvernos en rocío

ni hundirnos en la tierra.

¿Lo pospondremos para la Eternidad?

Las cabezuelas secas

de la vara de oro,

convertidas en rígidos espectros,

se sacuden sobre sus tallos

muertos, trazando jeroglíficos

de grave advertencia.

¿Adónde iremos?

El gesto de bendición

no logra contener

el viento frío.


Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Words in time ARCHIBALD MacLEISH

    VÍDEO Nº 49

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



Desconcertados por la lengua quebrada

De ángeles despiertos en nuestro sueño -

Entonces, se perdió la música que se cantaba

¡Y se perdió la luz que el tiempo no puede retener!

 

Hay un momento en que yacemos

Desconcertados, despertados del sueño,

Cuando la luz, el sonido y todo responden:

Ese momento el tiempo debe domarlo y conservarlo.

 

Ese momento, como un vuelo de pájaros

Lanzados desde las ramas donde duermen,

El poeta con un ritmo de palabras

Lo lanza al tiempo para que el tiempo lo conserve.


Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.


Soneto CXXVI LOPE DE VEGA

    VÍDEO Nº 48

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube



Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Amor constante más allá de la muerte QUEVEDO

    VÍDEO Nº 47

De la colección ANTÁRTICA POÉTICA Canal de YouTube 



Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra

 que me llevare el blanco día,

 y podrá desatar esta alma mía

 hora a su afán ansioso lisonjera; 

mas no, de esotra parte, en la ribera, 

dejará la memoria, en donde ardía: 

nadar sabe mi llama la agua fría, 

y perder el respeto a ley severa. 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido, 

venas que humor a tanto fuego han dado, 

medulas que han gloriosamente ardido, 

su cuerpo dejará, no su cuidado; 

serán ceniza, mas tendrá sentido; 

polvo serán, mas polvo enamorado.


Idea, edición y realización por CARLOS BUSTAMANTE BURGOS.

Cuando El Bosco hizo caso a Satanás.

  N.U.L. (106)           La sala del consejo de la catedral estaba sumida en una penumbra opresiva, apenas interrumpida por el parpadeo de l...